elmaritim
  ¿QUIEN PUEDE ATRAPAR AL VIENTO?
 


¿Quién puede atrapar al viento?.
 
        Esto que os cuento sucedió hace ya mucho tiempo .
Julia , al nacer , no fue una niña como todas las demás . A los cuatro años , sentada en la arena del parque miraba , con sus enormes ojos tristes , como jugaban y corrían otros niños .
- Tú eres como una mariposa con una alita rota – le dijo una vez su madre . Y ella se miraba su deforme pierna izquierda y deseaba , con fuerza , apretando los ojos y las manos , despertar de aquella pesadilla , y levantarse , y correr por el parque .
        La niña cojita . Así la llamaban cuando cada mañana , años después , acudía al colegio en su silla de ruedas .
        Quiso la buena fortuna que tras mucho dolor y sufrimiento , tras muchas operaciones , pudiera Julia caminar apoyada en su muleta y con aquellos extraños hierros clavados en su pierna .
 
        Pudo por fin pisar la hierba del jardín y la arena de la playa . Pasear por el parque y no ver el mundo desde esa altura cruel de una silla de ruedas .
 
        Un día , volviendo con su abuelo de la playa , Julia se detuvo ante una valla .
        - Mira , abuelo , son niñas jugando al fútbol .
 
        Desde entonces , cada domingo por la mañana , Julia acudía al campo de fútbol a ver jugar a las niñas . No las conocía . Ella era una extraña pero , en lo más hondo de su mirada , allí donde habitan nuestros sueños , Julia se sentía una más de aquel equipo , el Marítim ; y desde su silencio y desde su sonrisa compartía , a solas , las alegrías y las penas de las jugadoras de la camiseta azul .
        - Si yo pudiera jugar , abuelo ...
        Y el abuelo miraba al suelo ; luego alzaba la vista al cielo y siempre le contestaba lo mismo : nadie puede atrapar al viento .
 
        Y Julia nunca pudo jugar al fútbol .
 
        Pero desde aquel día , de ese que hoy os cuento , los azules sueños de Julia fueron de otra modo .
        Se le acercó un extraño y , sin decirle nada , le dio una camiseta del Maritim con el número cero y su nombre escrito en la espalda . Ya era una de ellas .
 
        Pasados los años , un día se despidió Julia del equipo para no volver , pues el viento de la vida la llevaba a nuevos y lejanos horizontes .
 
        Una lágrima recorrió su mejilla en el adiós . Nunca jugó al fútbol pero ya no importaba . Ella , la niña cojita , había sido del Marítim . La chica siempre en el banquillo que animaba a sus compañeras sin descanso , la que las consolaba cuando los resultados no eran buenos ; la que siempre tenía una sonrisa para todas y una palabra amable . Ya no eran sus compañeras . Eran sus amigas .
 
        Ella fue , en un tiempo , el corazón de terciopelo azul del Marítim . Y donde quiera que Julia esté hoy   , cada domingo por la mañana , casi sin darse cuenta , se pregunta : ¿cómo habrán quedado mis niñas?.
 
        Porque no se puede atrapar al viento . Pero puedes dejarte llevar por él a donde vaya su brisa .
 
        Un relato original de Arturo Jiménez Marzal para el C.F.F. Maritim .
 
 
 

 
 
   
 
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